
Powerhouse Museum Collection
Los críticos y catedráticos de literatura me parecen seres radicalmente alienígenas, alejados sin remedio del lector e incluso, muchas veces, del placer de la lectura. Comentar, analizar y criticar un texto de forma sistemática nunca me ha gustado. Me hace sentir como un forense.
Y yo no quiero diseccionar libros ni hacerles una competente autopsia. A mí lo que me gusta es simplemente leérmelos, perderme en ellos, zambullirme en sus historias y respirar los aires que me traigan.
¿Qué aporta realmente a la literatura y a la sociedad un tipo que afirma saberlo todo sobre escribir un buen libro… y nunca lo escribe? ¿Qué sólo se dedica a explicar lo que está mal aquí, y aquí, y aquí también? Hay gente así en todos los estratos de la vida, no sólo en el mundo literario. Y en todas partes me resultan igual de aburridos.
Yo casi nunca leo a los críticos ni a los analistas para decidir si un libro merece leerse o no. Cuando les echo un vistazo, su criterio no me influye ni para bien ni para mal.
No voy a entrar aquí en el hecho de que muchos son mercenarios y escriben en función de quién les paga (en efecto, es así), ni en el hecho de que alguno que otro escribe sin haberse leído el libro -sí, ocurre, y más a menudo de lo que os creéis-. Aunque fueran los más imparciales y dedicados críticos, el concepto en sí mismo me sobra.
Si acaso, me fío de las recomendaciones de mis amigos. Y no siempre.
…su criterio no me influye ni para bien ni para mal…
aahhh señor ochoa
q divertido volver después de tanto tiempo y encontrarle a usted en una de sus pataletas
lo q demuestra q todo cambia
y q nada cambia
besos señor, ha sido usted un divertimento delicioso para esta noche