May 10 2009

Escribir es esperar

Tag: En el laboratorioAlan W. Wolf a las 22:06

Pues sí, no creo que me pase sólo a mí. Tal vez no leo lo suficiente sobre otros escritores (no me interesa tanto como quizá debiera), pero no parece que el tema se trate muy a menudo. Sin embargo, una de las fases más penosas de la escritura es la espera.

WaitingNo la espera de la musa. Yo soy de los que creen que el arte es más transpiración que inspiración. Si acaso, ese toque mágico puede ser la vidriera maravillosa de la catedral, el delicado fresco de un rincón del techo. Pero para llegar a eso es imprescindible haber construido lo demás primero, y eso es cuestión de cimientos y ladrillo.

No, la espera a la que me refiero es otra. No la de la reescritura, cuando dejas algo reposando para pulirlo más adelante. Ese intervalo es agradable, es como dejar que repose un bizcocho que sabemos que estará más sabroso al día siguiente.

No, la mala es la espera que llega una vez que tu texto sale de tus manos. Lo dejas a leer a alguien. Lo sometes a la consideración de un colaborador o de una editorial. Y sólo puedes cruzarte de brazos. No quieres predisponer opiniones y no quieres compasión sino verdad, así que no puedes decir lo mucho que has puesto en ese resultado, la prisa que tienes por conocer una mirada externa, el ansia que te corroe por saber si tus palabras causan el efecto esperado o han sido un fracaso.

Esa, esa es la mala. Empiezas a comportarte como un animal enjaulado, aunque no te des cuenta. Intentas centrarte en otros proyectos. Casi finges olvidar que alguien tiene que decirte algo sobre “lo que me pasaste”. Pero olvidarías antes que te has cortado un brazo. Estás desnudo ante la espera, desnudo ante su consecuencia. Todos tus miedos e inseguridades acechan ese cuerpecillo vulnerable como depredadores esperando su oportunidad. Si viene el rechazo, sabes que saltarán sobre ti y otra vez tendrás que ingeniártelas para ser más rápido. Ojalá lo consigas de nuevo. Pero quién sabe. Por ahora, no puedes hacer nada. Esperar.

Lo más irónico es que, si logras reponerte, serás feliz de poder escribir algo más, volverlo a echar en manos de alguien… y volver a pasar por todo esto. Una y otra vez. Es una transacción. Lo das todo y puedes perderlo. A cambio, consigues unas migajas de conocimiento que te permitan hacerlo mejor la próxima vez. O eso esperas.


Abr 28 2009

Lobezno, demasiado X-Men Origins y poco Logan

Tag: PásaloAlan W. Wolf a las 23:04

Acabo de ver el preestreno de X-Men Orígenes: Lobezno. No han escatimado medios ni escenas de acción, no han escatimado movimiento… Es una película entretenida. Pero debía ser más. Se ha perdido, como con Watchmen, la posibilidad de aspirar a ser grande. Lobezno termina con un sabor agridulce para mí porque podría haber sido, con algo más de mimo y trabajo, una nueva Superman (me refiero a la original, claro, la de Richard Donner).

En cambio, se conforma con ser una película más de la franquicia X-Men. Ni tan buena como la primera ni tan floja como la tercera.

WolverineHugh Jackman está bien, aunque le hacen posar demasiado antes de cada cosa que deba hacer, lo cual acaba rozando el ridículo. Lo mismo le pasa a la caracterización de la Mole, por cierto.

Otro inconveniente para Jackman es que la maldita censura del “todos públicos” hace que un tipo con garras que lo cortan todo y que proclama su sed de sangre termine con las manos perfectamente limpias. Demasiado. En este sentido, se nota algo de temblor en el pulso de los productores. Debió haber sido más violenta o habérsela jugado a dulcificar del todo el personaje y el argumento. Esa acción descafeinada se queda corta en humor (podría haber seguido la senda de algunas Arma Letal) y espectacularidad, prefiriendo seguir el trillado camino Matrix.

Dientes de Sable está bien pero no nos hacen conocer al personaje demasiado bien, lo cual hace que su evolución parezca aleatoria, sin más. Lo mismo pasa con algún otro secundario.

Y, sobre todo, es una película que se pasa todo su metraje pagando su pecado original: ser una precuela y, por eso mismo, ser una película que no tiene un verdadero final. Había formas de resolverlo pero los autores de la cosa han debido pensar que, total, el espectador de Lobezno se ha visto o se va a ver las tres de X-Men, así que, ¿qué más da? Y por este motivo no tenemos un Superman ni un Batman (de Tim Burton) sino un producto de consumo inmediato y destinado a perdurar poco en la memoria.

Una pena, porque hay destellos de buena interpretación, de buena dirección, de bellas imágenes e ideas interesantes que deberían haber recibido más atención. Tal vez es una película que no cree lo suficiente en su propia singularidad. Y con ello traiciona una de las características esenciales de Lobezno.

Una vez más, salgo del cine con ganas de volver a leer los cómics, y más después de ver lo que algunos autores como Windsor-Smith fueron capaces de sacarle al personaje.


Abr 23 2009

Microconcurso

Tag: En el laboratorioAlan W. Wolf a las 23:23

Acabo de presentarme, casi fuera de plazo, al concurso de microrrelatos de El Pais. Si ven uno titulado El creyente, ese mío. Lo publicaré aquí mismo en cuanto confirme que me mandan a freír espárragos como me ha ocurrido en ocasiones anteriores. Pero hay que seguir intentándolo, siempre seguir intentándolo.


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